miércoles, 9 de junio de 2010

Hipólito encendió el jacho en el PRD

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Hipólito Mejía hizo muchas cosas el pasado domingo en el coliseo boxístico Teo Cruz donde anunció su decisión de buscar nuevamente la candidatura presidencial por el PRD. Además de la formalización de sus aspiraciones presidenciales, Hipólito marcó una diferencia entre sus competidores internos y los del gobierno.

Hipólito se presentó como un estadista, que sin considerarse un mesías, ni nada que se parezca, estima que la democracia está en peligro, que el país está en riesgo por la manera en que está siendo conducido por Leonel Fernández. Pero al mismo tiempo sabe que su propio partido, el PRD, también está en peligro. Como le duele el país, como le duele su PRD, tomó la decisión, junto a un grupo cada vez más numeroso de hombres y mujeres, asumir el reto de salvar tanto al país como el PRD.

Cuando Hipólito, encendió el jacho millares de hombres y mujeres de todo el país se pusieron de pie, se abrazaron y lloraron de emoción. Al prender el jacho Hipólito estaba retomando la antorcha de lucha dejada por Peña Gómez, estaba rescatando del olvido los símbolos del PRD. Era como decirle a los perredeístas: ¡Aquí está su bandera, aquí está su himno, aquí está su jacho, aquí está la imagen y el pensamiento de su líder José Francisco Peña Gómez! ¡Con esta bandera y con este hacho encendido marcharemos hacia el Palacio Nacional para cumplir las metas que se trazaron hace 70 años los fundadores del Partido Revolucionario Dominicano!

El PRD se unirá alrededor de la figura de Hipólito que sin duda será el candidato presidencial. El dos por ciento ya no podrá ser “aplastado como una cucaracha” porque ya es mayoría. Nadie unifica más al PRD que Hipólito, porque no agrede a sus compañeros, no los atropellas, no les hace fraude para que no ganen los cargos que se merecen, ni hace negocios, ni firma pactos secretos con el enemigo. Hipólito, que es un hombre plural, admite y respeta la disidencia dentro y fuera del partido. En Hipólito la unidad no es una palabra, es una manera de actuar, es una cultura.

El discurso de Hipólito debe ser escuchado o leído con atención por todos los hombres y mujeres de este país, no importa el partido al que pertenezca o si no pertenece a ninguno. Sus propuestas merecen ser tomadas en consideración.

El hombre que se presentó ante sus compañeros de partido y ante el país, para ofrecer su oferta, es más un estadista que dirigente político. Critica al gobierno con merecida razón por el auge de la corrupción, del narcotráfico, de la violencia; por la falta de empleos, de viviendas, de educación, salud, energía eléctrica, etc. Su crítica, sin embargo, no es un llamado al caos, ni a la violencia, es un llamado a enfrentar, con una óptica distinta, los problemas nacionales.

Su intención de recorrer el territorio nacional para reunirse con los sectores productivos, con los importadores y exportadores, con los profesionales y académicos, con la sociedad civil para escuchar sus puntos de vista, muestra la nueva cara de Hipólito. A todos los convocará para concluir el trabajo que inició hace más de un año, de consensuar un Plan de Nación que priorice la educación, la alimentación y la salud, entre otros puntos cardinales para el desarrollo.

Hipólito va para la calle. Y lo hará con todos los dominicanos que quieren un país mejor, no para un grupo, sino, como hizo hincapié, para todos.

El Hipólito que se presentó el domingo, insisto, es un Hipólito maduro y sosegado, apegado hoy más que nunca a los valores de la familia. La presencia de su esposa Rosa, de sus hijas Lisa y Carolina, de sus hijos Ramón Hipólito y Felipe, además de todos sus nietos, también llevó un mensaje de unidad familiar, elemento fundamental de toda sociedad sana.

Como escribí el pasado domingo, el anuncio de las aspiraciones presidenciales de Hipólito marca un antes y un después en su carrera política y en su vida. ¡Ya lo vimos!

El acto fue sencillo y breve, pero al mismo tiempo de un significado extraordinario. Merecen ser reconocidos todos los que trabajaron en el montaje y la coordinación encabezados por Farú Miguel y César Cedeño, dos valiosos colaboradores de Hipólito.

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