Se dirá que coordenadas históricas, entre ellas el catastrófico terremoto de Haití y la multimillonaria inversión de Barrick-Gold Corp. en Cotuí, han sucedido como por azar para potenciar la economía dominicana del presente, pero si así fuera hasta el mismo azar necesita de previas condiciones que lo posibiliten.
Los informes de Moody’s y del Barclays Bank son contundentes, y deben estar impactando a los grandes centros de inversión de todo el mundo, que de seguro tienen sus ojos puestos sobre nuestra pequeña economía caribeña.
El modelo de desarrollo económico y social dominicano, puede dividirse en dos partes.
a.-El Modelo Económico
En el caso de los sectores económicos, ha devenido de absolutamente agropecuario con una manufactura todavía en pañales en toda la década de 1960, hasta definirlo como agropecuario-manufacturero, minero y de servicios al día de hoy.
Fueron las leyes de incentivo a la manufactura (ley 299) de sustitución de importaciones, de promoción de zonas francas, de promoción de turismo y los grandes proyectos mineros con que se inició la década de 1970, los que terminaron por delinear el actual modelo.
(Por cicatero, por no haber el doctor Joaquín Balaguer atribuido lo que era de su cosecha en tiempo y espacio, a nosotros se nos ha ocurrido decir que todo ha sido obra de la Vírgen de La Altagracia, pero lo cierto es que el viejo caudillo puso oído a recomendaciones de organismos multilaterales, como CEPAL, Banco Mundial y PNUD y dejó sentadas las bases para perfilar el mencionado modelo económico)
Sin concebirlo de esa manera, este modelo económico creó las condiciones para anclarse, pues se han blindado de tal forma que cuando uno cualquiera de esos sectores se debilita, el otro lo releva en su aporte de riqueza, hasta esperar el relanzamiento de los que se quedan atrás.
La agropecuaria, por ejemplo, sobrevivió a la iniquidad del “diferencial cambiario” del 36% que le impusieron el FMI y Bernardo Vega-Jorge Blanco, para que con su enorme sacrificio de entonces pudieran afincarse los sectores más jóvenes. Hubo una década, la de los 80s que de no haber sido por la estatización de Antonio Guzmán de la Rosario Dominicana de 1979, el Estado habría quedado desguarnecido para sustentar la economía de los avatares de la “década perdida”.
Luego vino la “apertura” del mercado interno, única respuesta posible a la profunda crisis económico-financiera que generó el gran esfuerzo constructivo de 1986-1990 de Balaguer a costa del Presupuesto Público, caracterizada por desabasto e inflación desmesurada.
Fue la combinación virtuosa del argentino César Miquel, representante local del PNUD, y del asesor contratado por éste, el griego Constantino Vaitzos, quienes convencieron a Balaguer de la reforma arancelaria que abrió el mercado interno y liberó el sistema de precios, ayudados ambos por la prédica local del “enfant terrible” para el empresariado de Andy Dauhajre.
Madurando como estaban las zonas francas, el turismo, las remesas (algún día se sabrá la manera como Balaguer ató de manos a la Marina de Guerra y así posibilitar el enorme éxodo en yolas hacia Puerto Rico y, de ahí, a USA), y los servicios financieros y de telecomunicaciones, era previsible que los entonces “sectores tradicionales” serían complementados por las actividades de la “nueva economía”.
Lo demás, es la historia que hoy vivimos.
b) El Desarrollo Social
La infraestructura monopolizó las inversiones de los gobiernos de Balaguer y del PRD, y no les permitió ver la enorme deuda social que dejaron por décadas en el camino. El Presidente Fernández lo percibió así desde que asumió en 1996, pero no fue hasta el final de su mandato cuando remitió al Congreso el proyecto que creó el Sistema Dominicano de Seguridad Social.
Balaguer aplicó el Código Agrario desde inicios de los 70s, pero la acción sólo apuntó hacia el campo, dejando fuera a los grandes centros urbanos.
La virtud del Presidente Leonel Fernández y de su equipo económico-político, fue complementar toda una estrategia que atacara la pobreza y la desigualdad desde varios frentes, pues no bastaba el instrumento del SDSS, si dejaba intacta la pobreza, montante el 50% de la población, en una sociedad que había sido la de mayor crecimiento de los últimos 50 años en América Latina. La pausa de poder del 2000-2004, permitió armar la estrategia a desarrollar desde el Gabinete Social.
Hoy, la pobreza que llegó a abarcar el 48% de la población, se ha reducido a un 32% y la extrema, que se acercó al 30% ha sido reducida a la mitad.
En 2004 sólo unos 20,000 empleados y trabajadores de los sectores público y privado tenían seguro de retiro, de ellos unos 4,000 dependientes del IDSS, hoy 2 millones 250 mil disponen de una cuenta de pensión en los principales bancos de la nación. El crecimiento es exponencial.
El éxito de esta acción, es ya motivo de reconocimiento internacional.
Moody’s y Barclays Bank
Moody’s acaba de elevar la calificación que otorga a los bonos gubernamentales dominicanos “debido a la capacidad de resistencia demostrada por su economía a problemas externos y las favorables perspectivas de crecimiento”, reporta la agencia EFE, desde Nueva York.
Según la calificadora, los bonos en moneda extranjera y local se califican ahora en “B1” desde la “B2” en que la situó en mayo de 2007”.
“A pesar de ser una pequeña economía abierta con lazos estrechos con Estados Unidos, la República Dominicana ha demostrado un nivel de resistencia económica y financiera a sacudidas externas”, dice el informe, y agrega: “además de largo historial de alto crecimiento económico, su capacidad de lograr un avance positivo del PIB el pasado año, demuestra una mayor habilidad para superar sobresaltos externos respecto al pasado”.
Barclays Capital, uno de los principales bancos mundiales de inversión, califica a República Dominicana como el primer destino para las inversiones extranjeras directas, según reporta en su Emerging Markets Research, ya que, sostiene, se ha mantenido durante cuatro años seguidos con un crecimiento sostenido.
Dice que en 2009 sólo Panamá y Nicaragua recibieron más inversión extranjera directa, a pesar de que fue un “año difícil para la economía global”. Como parte de esa inversión, destaca los US$800 millones de Barrick en Pueblo Viejo, y los US$3,000 que proyecta invertir hasta el 2011, lo que unido al hecho de que servirá de tránsito para los 9.9 millardos de dólares destinados a Haití hasta el 2012, deberá incrementar esa proyectada inversión.
La UNCTAD recientemente también colocó a RD entre los “Front Runners”, junto a China, Gran Bretaña y Chile, categoría que refiere a los países en condiciones de recibir inversión.
En suma, que el modelo de desarrollo económico y social consolidado y mejor delineado, a lo que se agrega cambios fundamentales en las estructuras institucionales, ha sido mejorado y muestra credenciales suficientes como para considerarlo ejemplo de la “revolución democrática” que impulsa el Presidente Fernández.
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